jueves, 24 de febrero de 2011

Cómo llegué al budismo

A la tierna edad de 27 años mi vida se encontraba incompleta. Tenía un trabajo que me satisfacía, una situación económica holgada, una familia cuyos miembros habían tomado diferentes caminos y una madre, en búsqueda de sí misma.
Aunque no tenía pareja, mi vacío venía de algo más profundo. Creciendo en una familia atea por imposición paterna, me escapaba con la abuelita materna a las misas católicas. Pero en realidad crecí sin religión, pero con valores que mi madre se encargaba de inculcarnos.
Mamá practicaba un poco de todo. No le interesaba el cristianismo, ni catolicismo. Había ido a meditaciones hindúes a algún templo de "Sai Baba". Fue hasta que conoció a una señora que pronto sería su amistad por largos años, Margarita.
Margarita la presentó con Samu Sunim y es ahí cuando nuestra historia comienza.

En unas vacaciones a fin de año, no tenía compromiso alguno. Un amigo me había recomendado el libro de La Profecía Celestina (de James Redfield) y me despertó el interés en el tema.
Mamá me preguntó si quería acudir al retiro, que primero tomara un curso de meditación .

Así fue. Nos encaminamos a aquella ciudad y me presentó a Sunim. Días más tarde, nos encontrábamos en el retiro.

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